jueves, 19 de enero de 2012

Ocucaje

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Me aparto por un momento de la razón que motivó este blog, Trujillo, su historia y su gente para tratar sobre la historia de una de las haciendas más antiguas del Perú, ubicada a 36 kilometros de la ciudad de Ica en medio de un desierto abrasador, en donde el tesón y perseverancia de sus propietarios crearon un oasis de verdes viñedos que dieron origen a nuestro licor de bandera nacional, el Pisco.

La pampa de Ocucaje en los alrededores de la antigua Hacienda, está considerada por algunos como la mayor reserva de ballenas fosilizadas del mundo, y es que esta cuenca fue hace millones de años una suerte de bahía en la que esta franja del desierto estaba debajo del mar y hasta aquí llegaban las ballenas a morir. Siguiendo las leyes de la naturaleza, de matar o morir, también debieron llegar tiburones hambrientos que aprovechaban a las ballenas en sus últimos estertores para comer su banquete diario hasta finalmente morir también. Toda esta explicación es para entender porque este inmenso lugar está plagado de fósiles de ballenas, tiburones, tortugas y demás.



OCUCAJE
OQKG
(Quechua: Entre Cerros)


Antigua campana de Ocucaje de finales del siglo XVIII

En el año 1592, la estancia Ocucaje, es adjudicada a Don Luis Sánchez, llegando años después, luego de varias transferencias a ser propiedad del Colegio de Jesuitas del Cuzco. El historiador José Gálvez nos cuenta... Tierras calientes, sedientas, con guarangos retorcidos bajo un sol radiante... Una cabalgata colorida avanza por los médanos levantando doradas tolvaneras, y desde Ica, "hasta la ramadilla de los pasajeros que van a la ciudad blanca de Arequipa, seis leguas bien contadas hacia el sur, en la angostura que llaman de Cayango, el río en medio, los cerros blancos a un lado y al otro el camino real que se adentra en el valle de Guayurí", van el Señor Corregidor, el Escribano, el plumario, los alguaciles, y se detienen, tras agobiantes marchas, en el lugar denominado OCUCAJE.

Con la solemnidad acostumbrada, entre latinajos jurídicos que lee el Escribano de su Majestad, bajo la mirada vigilante y severa del Señor Justicia Mayor y Componedor de tierras, queda adjudicada la Estancia, con sus guarangales y pastos, a don Luis Sánchez, quien, muy ufano agasaja a los señores y a sus acompañantes con un yantar suculento y refrescante, cuya minuta no conserva la crónica, pero que, dado lo rico de la tierra y los hábitos del tiempo, debió ser enjundioso y variado, alegre por los vinillos comarcanos y coronado con los exquisitos postres y confituras que, ya desde el amanecer de la Conquista, dieron fama pregonera a la región. Después del tal Sánchez, señor y dueño por la gracia de Su Majestad, de aquel lugar que sería más tarde emporio cananco de viñas y parrales, fueron propietarios don Fernando Díaz de Guevara, don Juan Alegre, don Antonio Herencia, el Capitán don Juan Moran y Cabrera, don Juan García de Oñate, quien hubo asimismo, de solicitar posesión a la pintoresca manera antigua, con cabalgata, comilona y bebendurria, hasta que adquirió el bien el Colegio de los Jesuitas del Cusco.

Rodaron desde entonces muchas lunas, y OCUCAJE, administrada por los padrecitos, como tantísimas otras haciendas y estancias, vio nacer, engordar y morir innumerables cerdos bien cebados y rollizos con las bellotas de los guarangos. Ya comenzaban a llenarse los mugrones con la miel solar que da el buen vino, lágrima y sangre del martirio próvido y mítico de las viñas...

El año 1767 el rey decreta la expulsión del Perú de la Compañía de Jesús, propietarios de más de 190 haciendas. Los jesuitas eran los más grandes productores de vino y aguardientes. El gran escritor José Gálvez continua...

Mas ocurrírsele a un Monarca español, en el siglo XVIII, dictar la orden de extrañar de todas sus posesiones de América a los Jesuitas y confiscarles sus bienes y propiedades, cuando gobernaba el Perú aquel Virrey enamoradizo y enérgico, el de las legendarias historias con la Perricholi, don Manuel de Amat y Juniet. OCUCAJE pasó al Estado como muchas otras estancias en todo el Virreynato del Perú.

La propiedad, por una de aquellas y entonces frecuentes adjudicaciones, en remate, vino a formar parte de la abundante fortuna de los Marqueses de Torre Hermosa. Doña Juana María de Herce y Dulce era la esposa del Marques, y, según cuenta la fama, además de muy bella hacia honor al segundo de los apellidos.

El Marques de Torre Hermosa don Juan Fulgencio de Apesteguia, murió, y dejo viuda y rica a la Marquesa. En prenda de cariño, y en recuerdo de los dos hijos que procrearon y murieron muy niños, la dejo universal heredera de sus bienes, a los que se añadían los propios de ella, no menos valiosos.

Estaba ya en Lima un caballero de polendas, nativo de las montañas peninsulares, Don Manuel Antonio de Arredondo y Pelegrin, de la Orden de Carlos III, quien como oidor, intervino en el juicio contra los parientes del gran rebelde Tupac Amaru, a quienes juzgó y condenó pero sin extremar la crueldad en sus sentencias, como lo hiciera con el ilustre Condorcanqui, el implacable Areche.

Nombrado don Manuel Antonio, REGENTE de la Audiencia de Lima en 1786, ya no le conocieron, en la ciudad engreida con títulos y formalismo, sino con aquel que le correspondía como al más togado, diremos un poco metaforicamente, de los Oidores de la Audiencia. Había casado con doña Juana Micheo, viuda de un famoso Oidor de Chile, después Oidor Decano del Cuzco, Director de Estudios en San Marcos, don José de Rezábal y Ugarte, autor de notables obras jurídicas. Doña Juana Micheo, la dueña de la casa en la plazuelita que llevó su nombre, sobre cuyo terreno se edificó, ya en el siglo XX, el local del Club Nacional, murió tambien, y su viudo, don Manuel Antonio de Arredondo, casó con otra viuda, la ya nombrada doña Juana María de Herce y Dulce, Marquesa antigua de Torre Hermosa.

Tenía la Marquesa muchos y saneados bienes y una lindisíma casa en la cuadra de Corcovado en Lima, cerca del mascarón de Carreño, la que desde que la ocupó con su nuevo esposo, don Manuel Antonio, fué llamada la casa del REGENTE. Era espaciosa, con una hermosísima ventana, muy bien forjada en hierro con una rosa, que era un primor, al centro. - Estaba ricamente alhajada, con bellos azulejos en los patios y unos mamparones magníficos en el gran salón, reluciente de oros y de espejos.

Tenía mucho más la Señora Marquesa: Haciendas en Cañete -Montalván y Cuiva- y, en Ica, OCUCAJE y LA VENTA. Solía, a pesar de lo fatigoso del viaje, ir a sus estancias a veces, y en OCUCAJE y en Montalván quedaban hasta hace algún tiempo, recuerdos de la empingorotada dama. Mandábanle desde OCUCAJE las deliciosas tejas, botijuelas con vinos generosos y con el ya por entonces famoso Puro. Por ser mujer del REGENTE, quien, en su calidad de tal, llegó a gobernar el Virreynato a la muerte de O'Higgins, todos sus bienes y los de su marido fueron rebautizados con el prestante remoquete; y, así, OCUCAJE fué conocida por algunos en esos días lejanos, como la Hacienda del REGENTE.

En 1808 el REGENTE, fué agraciado con el título de Marqués de San Juan Nepomuceno y con tan decorativos aditamentos el Señor de Arredondo, Virrey en potencia siempre y a veces en ejercicio y presencia, como cuando falleciera el Marqués de Osorno, fué, ante todo y sobre todo, el REGENTE. Su casona, diremos mejor con fórmula antañera, la de su señora esposa y conjunta mujer, era centro de lujosas reuniones en la Lima señorial de esos días, y, cuando murió la Marquesa, dejole ésta todos sus bienes, aunque con algunos encargos de caridad y de religiosa devoción...

En 1821, o sea en el año de la proclamación de la Independencia por San Martín, murió el REGENTE, como se le seguía llamando por la fuerza tenaz de la costumbre, y dejó como único y universal heredero a su sobrino don Manuel de Arredondo y Mioño, hijo del Virrey de Buenos Aires. Este casó con doña Ignacia Novoa y Arteta, natural de Guayaquil, pero sus bienes fueron secuestrados por el nuevo órden y las Haciendas de OCUCAJE y Montalván, antiguas posesiones de los Dulces, pasaron a ser propiedades del Estado, el que cedió esta última al Prócer de la Independencia de Chile y del Perú, Don Bernardo de O'Higgins. No deja de ser curiosa la coincidencia de haberse escogido esta ubérrima estancia para el hijo de aquel Virrrey a quien, precisamente, reemplazara en el Gobierno el REGENTE Arredondo.

Pero, como quien alcanza algún remiendo y compostura en la pobreza doña Ignacia Novoa, que permaneció en Lima después del viaje de su esposo a España tras la primera capitulación del Callao, preciandose de ser "americana" y condoliéndose de haber quedado casi indigente e "indorada", como ella misma dijera en un recurso presentado al Gobierno del Perú, obtuvo la devolución de algunos de sus bienes, entre ellos la Hacienda de OCUCAJE y las dos casas del Corcovado; una hoy de la Sucesión Thorndike y la otra de la familia del Mar.

No pudo pensar la Marquesa antigua de Torre Hermosa, y más tarde de San Juan Nepomuceno, cuando testó en la villa de Cañete, tal vez de vuelta de OCUCAJE y estando en Montalván, las vicisitudes por las que habrían de pasar sus bienes.

Después de mucho batallar, como se ha dicho, doña Ignacia, la mujer del Brigadier don Manuel de Arredondo y Mioño, quien terminó sus días en España como Mariscal de Campo, obtuvo algunas indemnizaciones y fundó un hospicio para pobres en el Padre Gerónimo, al respaldo de la Casa del REGENTE, y en 1848, vendió OCUCAJE y LA VENTA a don Domingo Elías, Consejero de Estado a la sazón, prominente hombre de negocios y político, uno de los fundadores, con don Nicolás Rodrigo, del Colegio de Ntra. Sra. de Guadalupe, Prefecto de Lima encargado del Poder cuando la famosa y romántica SEMANA MAGNA, y apodado, en momento interesantísimo de nuestra historia republicana, "el hombre del pueblo"....

Casi veinte años estuvo OCUCAJE en poder de la familia Elías y de la Quintana y en 1867 pasó a ser propiedad del acaudalado don Andrés Alvarez Calderón.

La demás es historia reciente sin el saborcillo añejo que suele dar misterio y encanto a las cosas. Pero la Hacienda y la Viña OCUCAJE, que fué del REGENTE, parece haberlos tomado como acicate de sus progresos, porqué las antiguas cepas plantadas por el REGENTE, se remozan, nacen otros sarmientos y el sol fecundante de Ica pone oro, sangre, fuego y miel en los racimos de los parrales renacientes.

Han pasado tres siglos y medio de la fundación Española de estos solares de Ocucaje.

Estamos en 1945 y al terminar esta crónica encontramos a los actuales propietarios de la Hacienda Ocucaje, Srs. RUBINI y TRUEL, quienes continuando la tradición vinícola del valle de Ica, acaban de lanzar una marca nueva de vino tipo Champagne, con el nombre "EL REGENTE", muy francés, en cierto modo, como corresponde al espumoso licor de las Bodas, de los Aniversarios, de las Pascuas, de los Brindis, pero a la vez, muy peruano y muy español, por la evocación histórica, que, como halo, va a envolverlo.

En estos tiempos las caravanas, otrora lentas y sufridas, pluritonales en su abigarramiento de carretones chirriantes y de cabalgaduras campanillescas, calcinadas por el mismo sol radiante, vuelven de aquel lugar de hace casi cuatro siglos, cerca de "la ramadilla de los pasajeros", trayendo en carros veloces, deslizándose por asfaltadas pistas, entre un asesar de motores y un ulular de bocinas -nuevo coro dionisiaco- los Aguardientes, los Vinos y el Champaña de "EL REGENTE".



En el año 1768, durante el gobierno del Virrey Manuel Amat y Juniet, la hacienda Ocucaje en Ica pasa a poder de Don Juan de Apesteguía, Marqués de Torre Hermosa, casado con doña Juana María de Herce y Dulce. Al fallecer el Marqués, su viuda quedó dueña del fundo, Uniéndose en segundas nupcias con Don Manuel Antonio de Arredondo y Pelegrin, Marques de San Juan Nepomuceno, Regente de la Real Audiencia de Lima, siendo por ello que la gente le puso a la propiedad el sobrenombre La Hacienda del Regente. En el año 1848, el agricultor Don Domingo Elías adquiere el famoso fundo vitivinícola Ocucaje en el valle de Ica, a 300 kilómetros al sur de la capital Lima. En 1867, Don Andrés Álvarez Calderón compra la hacienda Ocucaje en Ica, Perú, a la familia Elías. En 1898 Don Felipe Zunini, compra los viñedos Ocucaje, y empieza a producir vinos y piscos en gran escala con procedimientos industriales. En 1935, sus propietarios, los Sres. Virgilio Rubini y Paúl Truel, constituyen la empresa Sociedad Colectiva Rubini -Truel, quienes con el propósito de mejorar la productividad importan cepas especialmente seleccionadas de Francia, Italia, España, Portugal y Alemania. En 1955 Don Virgilio Rubini compra la parte correspondiente a su socio el Sr. Paúl Truel constituyendo la empresa vitivinícola “Sociedad Viña Ocucaje S.A.”


Sr. Virgilio Rubini Fulle y Sra. Ida Drago Baracco

Don Virgilio Rubini y familia

Antes de 1898 solo se producía piscos y es a partir de esa fecha que, con uvas seleccionadas, se inició en Ocucaje la producción de vinos de mesa con los nombres de Tinto Especial y Blanco Seco. Como era indispensable la plantación de variedades para producir vinos finos, durante muchos años se importó cepas de Francia, Italia, España, Portugal, Chile, California y Valle del Rhin, lográndose con paciente dedicación y cuidados prolijos, la aclimatación en Ocucaje de las variedades de uvas Malbec, Cabernet, Barbera, Grenache, Merlot, Pinot, Semillón, Muscadelle, Albilla, Alvarehao, Pedro Jiménez, etc. En 1970 Viña Ocucaje S.A. fue víctima de una expropiación de más de 400 hectáreas de uva las que a la fecha se han transformado en terrenos eriazos debido a la falta de cuidados y tecnología de sus nuevos propietarios, obligando a la empresa, a adquirir de terceros las mejores cosechas de uva existentes en el valle de Ica para seguir produciendo la amplia variedad de vinos y piscos bajo la marca “Ocucaje”, una de las más conocidas y tradicionales del Perú.










Don Aldo Rubini Drago, Agrónomo, Investigador y Coleccionista de las Culturas:
Paracas, Nazca, Wari

La cultura Paracas fue una importante civilización precolombina del antiguo Perú del periodo Primer Horizonte que se ubico en la península de Paracas, Provincia de Pisco, Región Ica. Se desarrollo entre 700 años a.C., hasta 200 años d.C., esta cultura es contemporánea a la cultura Chavín que se desarrollo en el norte del Perú. La mayoría de información sobre los Paracas proviene de las excavaciones arqueológicas emprendidas en Paracas necrópolis por el arqueólogo peruano Julio Tello y su discipulo Toribio Mejía Xesspe en los años 1920.

Esta civilización practicaba textilería (lana y algodón) Además de la cerámica. Ellos también practicaban la deformación craneana con un propósito estético y ritual, también eran buenos cirujanos que realizaron trepanaciones craneanas con fines médicos. Después del año 200, la civilización Paracas se funde con la de Nazca.

Halcón Ceramica Paracas, zona arqueológica: Ocucaje, Colección Aldo Rubini Drago
 

Lúcumas Cerámica Paracas, zona arqueológica: Ocucaje, Colección Aldo Rubini Drago
 



 

Cultura Paracas zona arqueológica: Ocucaje, Colección Aldo Rubini Drago

En la actualidad bajo la administración de la tercera generación, superando la injusticia y torpeza que cometió la reforma agraria en el Perú, la familia Rubini mantiene el liderazgo en la producción de Pisco y vinos de mesa que han logrado premios internacionales obtenidos en los concursos más prestigiosos del mundo de bebidas, como es el concurso mundial de Bruselas y el concurso internacional de destilados Vinalies Internacional de Paris, Francia 2004, en donde obtuvieron la nota más alta en la llamada “Cata Ciega” realizada por enólogos franceses de reconocido prestigio.

Familia Rubini
Tres Generaciones
 


¡¡¡¡ SALUD !!!!

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