martes, 17 de enero de 2012

El Caballo Español

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EL CABALLO ESPAÑOL
Por: Juan Carlos Altamirano
Estudios sobre el caballo español





Durante muchos años ha existido la generalizada creencia de que el caballo español es fruto de la evolución natural. Quizás se haya debido a la numerosa bibliografía en la que, confundiendo raza con especie, se expone que la morfología de nuestro caballo es consecuencia de su adaptación al medio geográfico andaluz. De esta forma se le otorgo un origen casi prehistórico apoyado, posiblemente, en la metáfora neodarwinista de la intencionalidad y la "sabiduría" de la naturaleza, cuya consecuencia es que todo cuanto ella realiza es perfecto1. En esta dirección se han basado todos los estudios realizados sobre el origen del caballo español desde algunos departamentos de la universidad española. Asimismo, algunos autores basados en esta teoría, con más cariño que conocimiento histórico, han querido otorgarle al pura raza español más antigüedad de la que tiene en realidad creando para ello a la inexistente y mitificada "raza del caballo ibérico". Esta teoría ha conducido incluso a que algunos autores defendieran que el caballo español ya existía en la prehistoria con las mismas características morfológicas que presenta en la actualidad. La consecuencia de esta lectura es la afirmación, como se ha realizado por parte de numerosos autores, de que el caballo español tiene un cuello elevado porque lo ha tenido que levantar una y otra vez sobre el mar de hierbas altas que hay en Andalucía, para evitar las embestidas de los toros bravos; pero, a la vez, incomprensiblemente, afirman que sus belfos deben ser muy prensiles porque en esta región geográfica hay largos períodos de sequía y no crece la hierba. Que su dorso debe ser corto por convivir con el toro puesto que, según dicen, ello le facilitaría evitar sus embestidas; que sus elevados movimientos son consecuencia de haberse criado en las marismas, cuyo barro le obligaba a levantar las manos para poder andar; que la abundancia de crines y cerdas en la cola se deben a la abundancia de insectos que hay en Andalucía e, incluso, se ha llegado a afirmar que el color negro de sus ojos y la capa torda (blanca) son para protegerse del sol andaluz.

Génesis del pura raza español PRE

La elaboración de tal interpretación de la morfología del caballo español puede estar relacionada con el hecho de que mientras la ciencia ha avanzado a pasos agigantados en el conocimiento de los genes o en el diseño de animales clónicos, hemos ignorado, hasta hoy, todo lo acontecido sobre esta raza de caballos, la del pura raza español, que Felipe II mandó hacer en la segunda mitad del siglo XVI en la ciudad de Córdoba. Y sobre este hecho se da la circunstancia de que, siendo uno de sus más queridos proyectos y el más difundido internacionalmente, hoy, tras más de cuatro siglos, es su obra menos conocida.

De la misma forma que Louis Dobermann a través de cruces de distintas razas, entre 1834 y 1894, obtuvo el perro Doberman2, o que Heinrich Essig consiguió por el mismo sistema, a partir de 1840, la raza Leonberger tomando como modelo el dibujo de un perro inexistente en la realidad, que aparecía en el escudo de su ciudad3, Felipe II mandó crear en 1567 al caballo español cruzando para ello los innumerables tipos de caballos existentes, entonces, en Andalucía4. La cabaña equina andaluza en ese periodo histórico era muy variada como consecuencia de la propia selección llevada a cabo en el pasado para obtener caballos para fines determinados, del aislamiento entre zonas, por las invasiones sufridas y, principalmente, por no haberse puesto en marcha con anterioridad un programa que hubiese uniformado los distintos tipos de caballos que se criaron en la península. Entre los que podemos destacar: hacas, hacaneas, frisones, cuartagos, trotones, asturcones, pottokas, gallegos, etc... La variedad de pueblos que invadieron, o con los que comerció, lo que hoy es Andalucía (íberos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos y árabes) induce a pensar que los caballos criados en esa tierra difícilmente se hubieran podido mantener intactos en sus formas con el paso de los años y de los gustos y necesidades de cada uno de estos pueblos y culturas.

Hubo un hecho social importante que, años más tarde, favorecería indirectamente el nacimiento del caballo español. El cambio que el emperador Carlos V introdujo en la vida palatina española en 1548: la etiqueta castellana cedió el paso a otra más compleja y fastuosa, la borgoñona. Con ella crecería tan desmesuradamente el número de personas al servicio de la corona y de la nobleza que resultaba imposible que siguiera existiendo, como hasta ese momento, la Corte trashumante. A partir de 1561, Felipe II fijó su residencia en España, cambiando el sistema de funcionamiento que había llevado su padre; no acudiría allí donde fuese requerido por gobierno o batalla, sino que instalaría la Corte en Madrid5.

Habían acabado las grandes guerras y la nobleza sufrió un proceso de conversión, desde la medieval -guerrera- a la renancentista -palaciega-; ésta encontraría en la Corte de Felipe II un ambiente de fiestas y espectáculos propicios para sus aspiraciones6. Fue por lo tanto un período en el que se crearon nuevos juegos ecuestres y se realizaron los ya existentes con cierta frecuencia.

El auge de estas distracciones se debió, entre otros motivos, a la normativización que, desde la medicina, se hizo de todos aquellos aspectos de la vida que era necesario regular para mantener la salud7. Así, para el grupo privilegiado de la sociedad -nobleza y parte del clero- y para la burguesía adinerada, se aconsejaba la realización de una serie de ejercicios para llevar una vida sana. Se pensaba que la realización de un ejercicio concreto durante un periodo de tiempo determinaba la incorporación de éste a la naturaleza de la persona que lo realizara. De esta forma, las usuales actividades guerreras de la nobleza medieval se convirtieron en ejercicios saludables para la renacentista. La normativa médica aconsejaría su práctica cotidiana como medio de evitar la enfermedad. Estos ejercicios debían comenzar desde la adolescencia para, así, crear un hábito que se convirtiera en costumbre una vez se llegara a la juventud8. Así, los ejercicios habituales que realizaban los nobles en la guerra como montar a caballo, luchas con espadas, arcos y lanzas, formas de ataques, etc. fueron sustituidos en este periodo de paz por las exhibiciones ecuestres, juegos de cañas, tirar con arco, hacer esgrima, subir y bajar escaleras o el más importante, montar a caballo9, por ser considerado ejercicio de hidalgos10.

Es en este contexto histórico en el que se ha de situar el proceso de génesis del pura raza español, en el que existió un periodo primordial -el comprendido entre 1567 y el primer tercio del siglo XVII-, en el que fueron decisivos los cincuenta primeros años para la consecución de la raza11.

La gran afición que surgió a los juegos ecuestres que se realizaban en las plazas públicas y los espectaculares aires de la alta escuela como passage, piaffé, cabriolas, posadas, etc., que se perfeccionaban en los picaderos reales hizo que se convirtieran en distracción favorita de la realeza y nobleza del momento. Y para realizar tales actividades necesitaban un caballo que pudiera realizar estos movimientos con la belleza y espectacularidad que se requería y que, lógicamente, era distinto al existente en el medioevo, pesado y carente de belleza, ya que había sido demandado para un jinete cargado de armadura y con el único fin de utilizarlo como medio de locomoción y transporte. Ahora se trataba de crear un caballo con unas determinadas características síquicas y morfológicas determinadas. Características que ya eran defendidas como perfectas para los caballos por los clásicos griegos como Simón de Atenas, Jenofonte, etc... y, posteriormente, por Columella, San Isidoro de Sevilla,etc.... La morfología de este inexistente caballo, al igual que en occidente, fue reproducida en diferentes periodos y puntos geográficos por pintores y escultores de países tan remotos y distintos como los de China, Siria, Egipto, Japón, etc. Por lo representativo y la belleza de las representaciones podemos destacar los bajorrelieves esculpidos en la roca de la tumba de Nacqsh-i-Rustam, cerca de Persépolis; en la pareja de caballos alados - en terracota- del (s. IV a.C.)12 del templo de Ara della Regine; en la escultura de cerámica funeraria del Museo Real de Bruselas, de feldespato, del periodo T´ang (618-907); en el rollo de papel sobre seda de la gruta de Toven Houang del siglo VIII13; en la estatua de caballo en terracota encontrada en la tumba del general Zhang Shigui, en el distrito de Liquan, perteneciente a la dinastía T`ang14; en el ladrillo de terracota con un carruaje en marcha, perteneciente a la dinastía Han del este (206 a.C. - 220 d.C.)15. En el tanka del rey Ge Saer, perteneciente a la dinastía T´in (221-206 a.C.)16; en la pintura a color sobre seda de Zhang Xuan de la época T`ang17. Estas representaciones presentan caballos idealizados de similares característica morfológicas comunes como: cabeza pequeña, cuello arqueado, grupas redondeadas, movimientos elevados pobladas crines y abundantes cerdas en las colas que, precisamente, sirvieron de modelo al caballerizo real Diego López de Haro para obtener mediante cruces el prototipo de la raza española.

Para ello, Felipe II, el 28 de noviembre de ese mismo año, emitió una Real Cédula dirigida a su corregidor en Córdoba Francisco Zapata y de Cisneros en la que determinaba fundar, en esa ciudad andaluza, una nueva raza de caballos:

"Os mando que entreguéis a Francisco Sánchez de Toledo, mi pagador de la caballeriza cuatro mil quinientos ducados (...) para que se compren yeguas de vientre siguiendo las instrucciones que hemos ordenado para la raza y casta de caballos que hemos mandado hacer en Andalucía"18.

El motivo que argumentó para llevar a cabo dicho proyecto era atender al bien público, pero en realidad esa fue la justificación para poder llevar a cabo la enorme inversión que suponía la compra de mil doscientas yeguas:

"Porque deseamos que se consiga el fin que hemos acordado de tener mil doscientas yeguas de vientre con sus potros y crías (...) hemos mandado que se vayan comprando por la orden que de nuestro caballerizo mayor"19.

Así mismo, ordenó la construcción de las extraordinarias caballerizas reales cordobesas, que, siguiendo las órdenes reales, fueron financiadas con las rentas que producían las salinas andaluzas20. Para llevar a cabo la selección de los animales más idóneos para ese fin, Felipe II nombró como caballerizo real al cordobés Diego López de Haro, verdadero artífice del caballo español21. El resultado obtenido por éste fue tan extraordinario que los caballos conseguidos serían, contraviniendo lo expuesto por este rey al principio del proyecto, exclusivamente para uso de la Casa Real que los utilizó como regalo a reyes extranjeros, nobles y clero. La nueva raza fue utilizada como emblema de un Imperio y de una cultura que había sido capaz de conseguir lo que todo el mundo ansiaba, el caballo perfecto.

El desconocimiento del logro gestado en la caballerizas reales debido a que, al ser un proyecto privativo del rey Felipe II, toda la documentación del proceso de creación del caballo español fue enviada desde Córdoba al Archivo del Palacio Real de Madrid y desde allí, como era costumbre, se hacía llegar al Archivo General de Simancas (Valladolid) dónde ha permanecida dormida durante más de cuatro siglos, favoreció a través de los siglos la aparición de distintas interpretaciones sobre su origen, historia y la morfología del pura raza español. De forma generalizada, estas explicaciones sobre su morfología, como se ha señalado, apuntan hacia la evolución natural como su determinante, con el común denominador de la falta de investigación y la frecuente repetición de textos copiados de otros autores. Se ha afirmado para justificar la aparición de variados rasgos morfológicos para algunas características de la raza española, entre otros motivos, que fue cruzada con caballos centroeuropeos por un "teniente" napolitano erróneamente denominado Juan Jerónimo "Tiutti", caballerizo real de Córdoba (1600-1622). La realidad es que su nombre era Juan Jerónimo Tinto22 y no era teniente militar como se ha hecho creer. La palabra "teniente" significaba en ese periodo histórico suplente, y éste lo era de Diego Fernández de Córdoba, caballerizo real de Aranjuez (Madrid), y que al morir Diego López de Haro, creador del caballo español, fue nombrado caballerizo real de Córdoba por el rey Felipe III. Este caballerizo nunca cruzó la raza y, precisamente, fue una de las personas que más trabajaron en preservarla como podemos apreciar en la obra que comenzó para cercar de piedra la histórica dehesa de Córdoba la Vieja. El motivo que argumentó para pedir permiso al rey para llevar a cabo esta faraónica obra fue que un potro, durante la noche, entró desde una dehesa colindante a esta dehesa real con el riesgo, según palabras de este caballerizo, de "bastardear la raza" porque, entonces, en ella pastaban las yeguas españolas. Para evitar este problema pidió permiso al rey para comenzar la cerca que todavía se encuentra en perfecto estado y que, aunque se comenzó en el año 1617, por diversos motivos, no se acabaría hasta 1700.

Los caballos cartujanos

Aprovechando esta confusión histórica, algunos "avezados" ignorando, quizás, el grave perjuicio científico que la manipulación histórica conlleva, han afirmado que la única ganadería que se libró de este supuesto mestizaje fue la ganadería cartujana de Jerez de la Frontera (Cádiz)23.

En este sentido se ha afirmado que los caballos conocidos por el nombre de "bocado", antigua ganadería de Terry y hoy propiedad del Estado español a través de la sociedad Expasa radicada en Jerez de la Frontera, son descendientes directos de los desaparecidos y mitificados caballos cartujanos. Se ha escrito numerosas que el presbítero de Arcos de la Frontera Pedro José Zapata compró la yeguada de la Cartuja días antes de la invasión francesa, a principios del siglo XIX, y que diseñó el hierro del "bocado" para herrar a los caballos cartujanos24. La realidad es que Zapata, como demostré documentalmente en mi libro Historia de los caballos cartujanos, en ningún momento compró la yeguada cartujana, ni tuvo que esconderla de los franceses en la finca Breña del Agua (Grazalema) como se ha repetido hasta la saciedad, porque a la llegada del ejercito francés a Arcos de la Frontera (Cádiz), lugar de residencia de la familia Zapata, se afrancesó jurando fidelidad a Napoleón, como consta en el acta de ese cabildo de fecha 16 de febrero de 181025. Esto le permitió mantener en Arcos su yeguada que la había heredado en 1781, de su padre Manuel Zapata Vidal26. Tampoco llegó a diseñar el hierro del "bocado" puesto que su hierro era una Z y una P enlazadas27 y el de su hermano Juan José, heredado de su padre, representaba un circulo con una palo hacia arriba en la parte superior y dos hacia abajo en la inferior28. El hierro del "bocado" no lo diseñó Pedro José Zapata en 1810 porque estaba diseñado con bastante anterioridad, al menos desde mediados del siglo XVIII, y pertenecía a la Compañía de Jesús (jesuitas)29.

Conclusiones

Podemos exponer, en primer lugar, que el caballo español no es fruto de la evolución natural en el habitat andaluz, sino que es el resultado del mayor proyecto genético de la historia para conseguir una raza de caballos con unas determinadas características. Que en su proceso de creación incidieron factores de carácter social y en su modelación y conservación han intervenido principalmente los de carácter cultural. En segundo lugar, que la ganadería de la Orden de los cartujos de Jerez de la Frontera no tuvo incidencia en la creación del caballo español, que el hierro del "bocado" no fue diseñado para marcar los caballos de esta Orden y, por último, que los caballos de este hierro, hoy propiedad de la sociedad estatal Expasa, no son descendientes de los desaparecidos caballos cartujanos.

Asimismo, comprendo que es difícil para algunas personas reconocer el haber utilizado como marketing de ventas durante años versiones históricas erróneas basadas en estos inexistentes y mitificados caballos. Pero no debemos olvidar que si hubo alguna parte positiva en esta manipulación histórica, hoy, es más trascendente y perjudicial la parte negativa que creó alrededor del caballo español. Su manipulación, aunque consiguió durante años crear una fantasía, hoy su única consecuencia es restar protagonismo al verdadero mito de la historia: el pura raza español. Incomprensiblemente algunos ganaderos en la actualidad siguen utilizando esa manipulación para confundir a posibles compradores extranjeros que, ajenos a la realidad histórica de nuestra raza de caballos, creen, en principio, la falsa versión que algunos ganaderos les ofrecen sobre que los caballos del "bocado" son cartujanos pero que poco tiempo después se dan cuenta del engaño al que han sido sometidos.

NOTAS:


1 Altamirano Macarrón, J.C. El caballo español: la evolución de su morfología. Ediciones Ecuestres, Málaga, 2000, p.18.

2 Wyman, T. Como criar el Dobermann Pinscher. Barcelona, Hispano Europea, 1987, pp. 17-18.

3 Alderton, D. Animales de identificación: Perros. Barcelona, Ed. Omega, 1993, p. 259.

4 Archivo General de Simancas. Real Cédula de 28 de noviembre de 1567 a Francisco Zapata de Cisneros.

5. Véase Bouza Álvarez, F. La majestad de Felipe II. La construcción del mito real. En Martínez Millán, J. (Dir.) La Corte de Felipe II. Madrid, Alianza Editorial, 1994, p. 53.

6 Méndez, C. Libro del exercicio corporal, y de sus provechos. Sevilla, 1553. Ed. Facsímil: Book of bodily Exercise. New Haven, G. Kilgour, 1960, p. 90; Rivas, P. de. Libro llamado el Porque, provechosisimo para la conservación de la salud. Zaragoza, 1567, fol. 39 recto.; Savanarola, M. Regimiento de sanidad.... Sevilla, 1541, capítulo VI; Álvarez de Miraval, B. La conservación de la salud del cuerpo y del alma. Salamanca, 1601, folio 102 vuelto; Sorapán, J. Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua. Real academia Nacional de Medicina, Madrid, 1975, pp. 398-399.

7 Sobre estos aspectos puede verse Ruiz Somavilla, Mª J. La higiene en la sociedad española de los siglos XVI y XVII. Málaga, Universidad de Málaga, (Tesis de Doctorado), 1992.

8 Méndez, C. Libro del exercicio corporal y de sus provechos. Sevilla, 1553. Ed. Fasímil: Book of bodily Exercise. New Haven, G. Kilgour, 1960, p. 120.

9 Savanarola, M. Regimiento de sanidad.... Sevilla, 1541, capítulo VI.

10. Cfr. Domínguez Ortiz, M. Las clases privilegiadas en el antiguo Régimen, 3ª ed. Madrid, Istmo, 1985.

11 Véase Altamirano Macarrón, J.C. Historia y origen del caballo español. Ediciones ecuestres, Málaga, 1998, pp. 61-74.

12 Museo Nacional de Tarquinia. Representa dos caballos alados que formaban parte de un relieve del templo de Ara della Regina.

13. Museo Cernuschi, París.

14. Museo Provincial de Shaanxi (Xiàn). Estatua de 47,3 cm. de altura.

15 Museo Provincial de Sichuan. Ladrillo de 47,3 cm. de ancho y 41,5 de altura. Hallado en la tumba Han de Tiaodenghe, en el distrito de Chengdu, provincia de Sichuan. Chengdu. Representa un coche tirado por dos caballos con grupas redondeadas, cabeza pequeña y elevaciones asombrosas. Va acompañado por un caballo con jinete con la misma morfología que tienen los del coche.

16. Museo Provincial de Sichuan, colección de Arte Tibetano.

17 Museo de Bellas Artes de Boston. Estados Unidos.

18 Archivo del Palacio real de Madrid. Sección Administrativa. Despachos tocantes a la Caballeriza de Córdoba. Instrucciones de la Caballeriza de 1572. Legajo nº. 1.305-2, punto nº 7, folio nº. 2.

19 Altamirano Macarrón, J.C. Las caballerizas reales de Córdoba. Ediciones ecuestres. Málaga, 2001 en imprenta.; Archivo del Palacio real de Madrid. Sección Administrativa. Despachos tocantes a la Caballeriza de Córdoba. Traslado de la carta de Felipe II a Juan de Ibarra de 21 de mayo de 1573. Legajo nº. 1.305-2, folio 35 recto y vuelto.

20 Archivo del Palacio real de Madrid. Sección Administrativa. Casa Principal de la Caballeriza de Córdoba. Carta de Felipe II a Diego López de Haro de 20 de noviembre de 1567. Legajo nº. 1.013, punto 1º.

21 Archivo General de Simancas. Secretaría de Estado. Memorial de Diego López de Haro a la Junta de Obras y Bosques de agosto de 1596.

22 Archivo del Palacio Real de Madrid. Sección Administrativa. Título de caballerizo real de Córdoba a Juan Jerónimo Tinto de 26 de agosto de 1600. Legajo nº. 1.305-2.

23 Sanz Parejo, J. Por la senda del pura raza español. Ed. Siruela, Madrid, 1999, p. 17.

24 Sanz Parejo, J. El caballo español de estirpe cartujana. Ed. Marbán, Madrid, 1992, p. 65.

25 Archivo Municipal de Arcos de la Frontera. Sección Agricultura y Ganadería. Acta de 16 de febrero de 1810. Caja nº. 656 (1807-1810).

26 Archivo Municipal de Arcos de la Frontera. Sección Agricultura y Ganadería. Registro de la ganadería de Manuel Zapata Vidal, en 1781, existente en la Testamentaría en Arcos. Caja nº. 427, Expte. nº. 44-7ª, folios 36 vuelto -38 vuelto.

27 Archivo Municipal de Arcos de la Frontera. Sección Agricultura y Ganadería. Registro general de yeguas de 1791. Caja nº. 429, expediente nº. 66-7ª, folios 32 vuelto -33 recto.

28 Archivo Municipal de Arcos de la Frontera. Sección Agricultura y Ganadería. Registro General de yeguas de Arcos de la Frontera de 1787. Caja nº. 430 correspondiente al registro de 1799, sección nº. 13, legajo nº 6, Expte. nº. 17, folio nº. 8 vuelto -9 vuelto.

29 Archivo Municipal de Arcos de la Frontera. Sección Agricultura y Ganadería. Registro de ganados de Arcos de la Frontera de 1745. Caja nº. 424, Expte. nº. 6-7ª, folio nº. 34.

Sobre la denominación de nuestro caballo o la necesidad de conocer su historia

Es frecuente que en las discusiones sobre nuestro caballo algunos, quizás por un sentido regionalista, reivindiquen el nombre de andaluz eximiendo, como único argumento, que en algunos países es conocido como andalusian horse. En la actualidad y oficialmente su nombre es pura raza española, en abreviatura PRE y popularmente caballo español. Las conclusiones que vamos a exponer sobre ello, no son fruto de la improvisación sino el resultado de un largo proceso de estudio de la documentación en la que nos apoyamos que se encuentra expuesta en mi libro: Historia y origen del caballo español: las caballerizas reales de Córdoba.

Ya en los textos medievales y en los que se escribieron posteriormente en el Mundo Moderno se puede apreciar que muchos autores englobaban a los caballos criados en el sur de la península como una sola raza. No se tenía en cuenta las diferentes que se criaban tales como hacas, hacaneas1, frisones2, cuartagos, trotones3, etc. Posiblemente el desconocimiento de ello, hace que tratadistas actuales hayan fijado a nuestra raza características ajenas a ella e incluso certifiquen su mestizaje.

Esta reducción es posible explicarla si tenemos en cuenta que desde la antigüedad y antes de que la palabra raza tuviese el significado que tiene actualmente, se denominó a los caballos según el lugar de procedencia. Cualquier ejemplar procedente de Andalucía, al salir fuera de ella, se le denominaba caballo andaluz careciendo de la importancia la raza a la que perteneciera. Para los aficionados que vivían fuera de esta región, tan andaluza era la haca criada en estas tierras, como el animal más autóctono de dicha región. Cuando se hacía referencia a un caballo de un pais extranjero, se le denominaba por el nombre del mismo. De esta manera, si a España llegaba un caballo procedente de Frisia se llamaba frisón; si procedía de Portugal, portugués; de Nápoles, napolitano, etc. Incluso hoy es frecuente decir "he comprado un caballo alemán" sin especificar la raza. Si se quería distinguir a los de distintas regiones de un país, seguía este mismo principio, de ahí que a los procedentes de Extremadura, se les denominara extremeños; de Galicia, gallegos o de Asturias asturcones. Y en el municipio o zona geográfica de origen se les diferenciaría por castas; así serían caballos cartujanos, los de la Orden de la cartuja; marismeños, de las marismas; valenzuelas, de la Valenzuela y dentro de éstas por las líneas como las famosas de Rucio, Esclavo, Soldado, etc.

El nombre de español para nuestro caballo procede de 1567, año en el que Felipe II con la excusa de atender al bien público, determinó fundar una raza de caballos cuyo principal objetivo era mejorar las otras que se criaban en las distintas regiones de España a través de su sangre5. Decimos excusa porque, en realidad, el monarca trataba de justificar ante la sociedad la enorme inversión económica que la Hacienda Real tuvo que realizar para costear su desmesurada afición a los caballos. El éxito constituíria el final de una búsqueda milenaria: la obtención de una morfología, descrita ya por Simón de Atenas, Jenofonte o Columela en sus tratados, considerada como la más idónea para un caballo.

Para que se llevara a cabo el proyecto de conseguir el caballo español se eligió como lugar idóneo a Córdoba. El secetario real Francisco Eraso dirigió una Real Cédula el 28 de noviembre de ese mismo año al que era corregidor de la ciudad, Francisco Zapata de Cisneros6 para que se construyera una caballeriza7 y señalara las dehesas8, en los baldíos y realengos de esa ciudad, que proporcionarían el pasto y sustento de las mil doscientas yeguas que se comprarían. Así se hizo, librando los primeros 1.500 ducados para el mantenimiento de la yeguada y 500 para el comienzo de las obras de la caballeriza9.

El resultado del proyecto fue tan extraordinario que estos caballos nunca llegaron a cubrir las yeguas de las dehesas municipales sino que quedaron para uso privado de la corona y compra de voluntades, a través de regalos a reyes y nobles10.

El caballo español conquistaría el mundo a través de sus cualidades. Fue símbolo de un imperio y de una cultura que había sido capaz de conseguir lo que todo el mundo ansiaba, el caballo perfecto. Por ello en esta fecha se reconoció oficialmente la raza y se la denominó caballo español. Para preservar su pureza, se estableció un libro denominado Registro de caballos españoles, en el que se llevaba, como en el actual, las genealogías de todos los animales a fin de conocer sus orígenes.

Sería absurdo restar importancia que Andalucía tuvo en la creación del caballo español, pero también lo sería, negar la evidencia que el nombre con el que siempre se le distinguió desde su creción fue el de español.

Se dice que un pueblo está condenado a repetir su historia cuando la olvida y esto fue lo que ocurrió con nuestra raza. Los pasos que se dieron recientemente para definirla e incluso abrir un Libro de Registro, estaban ya dados cuatrocientos años antes.

Por ello no debemos olvidar, aunque a veces ocurra, qué fue lo que se buscó para que nuestra raza fuera la más deseada: su belleza, su nobleza y sus movimientos elevados que la distinguieron del resto de las razas existentes haciéndola digna de un rey.

NOTAS


1. Ver Cortes de Juan II de 20 de enero de 1432, pág.144, petición nº 34.

2. Inventario de la Caballeriza Real de Córdoba de 1586.

3. Cortes de Madrid, 9 de mayo de 1528, petición nº 72 dice de los trotones "deben de ser buenos para pelear armados".

4. Término municipal de Villafranca de Córdoba (Córdoba). Cuando en el siglo XIII se reconquistó esta ciudad la Orden de Calatrava se asntó en este lugar y le denominaron Valenzuela.

5. Real Cédula de 28 de abril de 1567 a Francisco Zapata de Cisneros.

6. Al que posteriormente se hizo Conde de Barajas.

7. Hoy Depósito de sementales.

8. Entre ellas cabe señalar las de Córdoba la Vieja, Ribera, Alameda del Obispo, Las Pendolillas y Las Gamonosas.

9. Este dinero procedía de las rentas de las salinas de la costa y del interior de Andalucía, posteriormente, al aumentar el presupuesto, se libraría de las penas de cámara de la ciudad de Córdoba.

10. De los caballos españoles sólo se vendían los desechos. Los precios que alcanzaron fueron tan elevados que con el importe de la venta de ocho deshechos se compraron treinta útiles de otras razas para los jenetes del ejercito de Orán. Carta de Juan Jerónimo Tinti a Felipe II en 1606.


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