martes, 4 de mayo de 2010

El caballo de Los Conquistadores

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El caballo de los conquistadores
Juan Carlos Altamirano M.







Con cierta frecuencia investigadores españoles y americanos comienzan estudios en busca del imaginario caballo "Ibérico" con el fin de relacionarlo genética e históricamente con los caballos de los conquistadores. El largo peregrinar que sin duda impone este camino de lógicas pero erróneas correlaciones morfológicas del pura raza español con las razas americanas hacen que su búsqueda, con más frecuencia de la deseada, terminen en el baúl de las buenas intenciones.

Como muchos investigadores, una de la hipótesis que me plantee sobre la conquista de ese Continente fue cómo serían estos caballos. Incluso, hace años dedique algún tiempo a investigar sobre ellos, pero me di cuenta de que no llegaría a ninguna conclusión válida, si previamente, no aclaraba mi iniciada, y entonces confusa, teoría sobre el origen del caballo español. Años más tarde no me resultó difícil comprender lo que para mí, hasta ese momento, era un completo "enigma". Lo que más complicó mi investigación fue la lógica, extendida y errónea creencia de que el ejército español montaba maravillosos caballos PRE. Este fue uno de los primeros handicaps que tuve que superar para llegar a comprender lo que las fuentes documentales me ofrecían y que bajo ese prisma era imposible llegar a conclusiones acertadas. Posiblemente, éste pudo ser también el freno de otros investigadores que no consiguieron dilucidar el puzzle histórico de los caballos de la conquista.

El poder descifrar este "enigma" ha sido y es el trabajo de numerosos investigadores de diversos campos e, incluso, de aficionados que tras largos años de trabajo han llegado a la conclusión de que el origen de estos caballos puede ser distinto del que se ha presentado. La realidad es que este "enigma" tiene una fácil respuesta. En primer lugar, podemos definir al caballo "Ibérico" como el imaginario representante de una raza inexistente que se ha querido correlacionar con los caballos de los conquistadores y con el pura raza español de hoy, con el fin, entre otros, de otorgarle innecesariamente a este último un origen casi prehistórico. Y, en segundo lugar y más importante para clarificar el "enigma" es que el pura raza español no existía cuando se descubrió América. (No todos los caballos existentes en España eran pura raza españoles, como tampoco eran pura raza árabe todos los caballos existentes en Arabia.) Tendría que pasar casi un siglo para ver nacer al caballo español y, posiblemente, más de dos para que el primero pisara tierras americanas. Y cuando lo hizo debió llegar en muy escaso número y de manos de algunos nobles y virreyes que se instalarían en el Nuevo Mundo.

¿Pero que caballos fueron los que llevaron los conquistadores? ¡Muy fácil! La mayoría eran de raza "haca" y también los caballos denominados desde la antigüedad clásica griega "comunes". Entendiendo por comunes los caballos de baja calidad y de variada morfología que abundaban en todo el territorio europeo. Era el tipo de caballos de los que ya los clásicos griegos afirmaban que no era rentable su selección y cuidado. El término haca (4) se define como la caballería de poca alzada. Antonio de Nebrija tradujo el término haca del germánico "hack", cuyo significado es cortar, tajar, separar, hacha, corte o hachazo, y que los sajones lo utilizaban para designar un tipo de caballo de grupa partida. Covarrubias (5) dijo de estos animales que eran los caballos importados de Inglaterra. Efectivamente, las hacas, eran un tipo de caballos procedente de Inglaterra, donde se utilizaba para el trabajo en el campo y tirar de los carros. En las dehesas del norte de Londres, junto a Smithfield, se celebraban las famosas ferias de ganado donde acudían agricultores y ganaderos en busca del "equus britanicus".

Se trataba de un tipo de caballo tan conocido en Europa que el papa exigió a los Reyes Católicos el envío periódico de una "hacanea blanca", entre otros impuestos, a cambio de la concesión de la Bula de la Santa Cruzada para sufragar los gastos de la guerra de Granada. Se trataba de un caballo con una morfología bien definida, cuya capa predominante, en 1765, en España, fue la pía (6).
PORCENTAJE DE LAS CAPAS pía 56,51% torda 10,81% alazana 3,48% castaña 17,59% rosilla 3,48% noguerada 6,97% negra 1,16%

Este rasgo morfológico, la capa pía, no sólo confundió a los investigadores americanos sino que también afectó a los españoles. La aparición en España de animales de esta capa en la iconografía del mundo moderno ha servido de base para afirmar que el caballo español fue mestizado con razas europeas. La representación de estos caballos en los innumerables grabados y pinturas existentes tirando de carruajes o montados no se traduce en la afirmación de que los caballos que representan fuesen españoles -cruzados- sino que, como se ha dicho, eran hacas; del mismo modo, los que aparecen en las pinturas montados por algunas reinas (7), son las "hacaneas" o hacas de mayor alzada, que eran los caballos en que solían montar las mujeres. (Cuando eran excesivamente pequeñas se utilizaban como montura para los niños.)

En 1540 Fernando Chacón describió como debían ser morfológicamente las hacas en su tratado sobre doma a la jineta:

"Ha de tener las canillas de pies y manos muy anchas y con cernejas, y cortas las cuartillas de pies y manos. Ha de tener los pechos muy anchos y salidos como nariz de barco. Ha de tener los oidos largos y bien puestos. Ha de tener la cabeza pequeña y bien formada y las narices anchas (...) La boca ni muy hendida ni tampoco boquiconejuno (...) Ha de tener el aguja alta y muy buen costado y grandes caderas partidas por medio (...) y sobre todo que tenga buena gracia y donaire en el paso y andamio y que corra aprisa y pare aprisa y sea sosegado y cuerdo. El pescuezo que salga del pecho y no del aguja(...) Así mismo las crines muy pobladas y calzado de los dos pies o del uno y con una estrella en la frente y en las manos no tenga ningún blanco..."(8)

Existía la costumbre de denominar a estos ejemplares con nombres femeninos, tanto a las hembras como a los machos. Así aparece en el Libro de registro de caballos españoles y hacas, en donde los nombres de "La Vicaria", "La Cuerva", "La Pía", "La Bautisima", "La Borrela", "La Especiera" o "La Cobatilla" correspondían a sementales. Posiblemente haya sido esta costumbre de denominar a las hacas con nombre femenino, lo que confundió a algunos tratadistas, que, al leer algunos nombres de famosos caballos europeos, creyeron que eran yeguas; ello les condujo a afirmar que sólo en España el ejercito montaba caballos enteros cuando, generalmente, lo hacían en caballos castrados.

La costumbre de utilizar nombres femeninos para las hacas perdura hoy en nuestra Jaca (10) (nombre que procede de la aspiración de la "h" de "haca"). Cuando un caballo es castrado, automáticamente se le denomina con el mismo nombre pero en femenino. Si realmente la haca hubiese sido, como se a afirmado, un caballo que no llegaba a la marca (alzada mínima), sin otra diferencia morfológica con el caballo español, ¿cómo es posible que se inscribieran al nacer en el Libro de Registro como hacas, si no se conocía la alzada que pudiera alcanzar en su madurez? e, incluso, ya se la asignara un nombre femenino.

Posiblemente, la primera entrada masiva de hacas en la península ibérica se debió a la escasez de caballos que existía en el norte de la misma, viéndose las tropas cristianas en la necesidad de importarlas durante la reconquista. Esta raza de caballos se encontraba muy extendida por Europa y, lógicamente, presentaría al llegar a España diferencias morfológicas consecuencia de los posibles cruces que pudieron padecer durante siglos de existencia en el continente. Asimismo, podemos pensar que se pudieron uniformar en otras características. A estos caballos, en España, durante ese periodo histórico, por la falta de belleza y de alzada nunca se les asignó la denominación de caballos. Eran simplemente: hacas, o sea caballería de segundo orden que se utilizaron como animales de trabajo y, una vez autorizado los carruajes en España, para tirar de ellos en los largos recorridos.

Pero no sólo se importaron las hacas de Inglaterra, Frisia, Polonia, etc. sino también la costumbre inglesa de cortarles o rasurarle la cola. Esto puede observarse en las pinturas y grabados ingleses; de ahí la conocida frase de Voltaire: "Malditos estos ingleses que con las mismas tijeras cortan el cuello de los reyes y las colas de los caballos".

Las hacas eran animales muy aptos para el trabajo duro, de forma que se los usó tanto para faenas agrícolas como para el ejército. Eran, como he señalado, los caballos que -junto a los "comunes"- llevaron los conquistadores a América, y a ellos se debe que la capa pía fuese la característica principal de los caballos utilizados por las poblaciones nativas.

La rápida extensión de esta raza por Europa pudo deberse al sentido comercial de los ingleses, de los que se llegó a decir que vendían caballos hasta a sus enemigos. Hay constancia del comercio de caballos entre el norte de España e Inglaterra; así como de la importación para la caballeriza real de Córdoba. El caballerizo real de Córdoba Juan Jerónimo Tinti, en 1604, ante la escasez de sementales hacas pidió que se las enviasen de la caballeriza de Aranjuez:

"Porque en la caballeriza hay necesidad de padres, así de caballos como de hacas que han de ser extranjeras para conservación de la buena casta, pues las de la tierra se alindan de manera con el tiempo que pierden la traza natural de hacas"(12).

Alonso Carrillo Lasso, caballerizo real y sucesor de Tinti, decía de las hacas existentes en Córdoba, en 1625:

"Algunas hacas hay razonables, rarisima la que es de servicio, perdida la fuerza y hermosura de su patria, sino no llamamos hermosura lo que aquí, por no afrentar los caballos llamamos lindeza..."(13).

A mediados del siglo XVII las hacas estaban en franca regresión, con riesgo de desaparecer de la península. Tanta era la necesidad de estas que el rey Felipe IV, el 6 de septiembre de 1654, ordenó con urgencia:

"Traer seis hacas de Nápoles sin atender a que tengan paso ni a colores sino sólo que sean muy crecidas y de mucha fuerza, y la envíen directamente a Cádiz por el primer viaje que viniere"(14).

Pero las hacas acabarían por desaparecer de Andalucía a raíz de la proliferación de los caballos españoles y debido a la promulgación de leyes que prohibieron la importación de caballos extranjeros. La haca fue sustituida en su quehacer por un caballo que se denomina "Jaca" en Andalucía. Este término es sinónimo de "cruzado"; el origen está en el cruce de las hacas con razas que se pusieron de moda -a finales del siglo XVIII y principios del XIX-, como la árabe y el pura sangre inglés.

En la actualidad existe en América un fuerte interés por conocer el origen de los caballos de los conquistadores, pero los irregulares datos que han proporcionado las pruebas genéticas realizadas sobre razas americanas han confundido más que clarificado su origen. Estas han otorgado a los caballos españoles no más presencia que la de otras razas europeas o asiáticas en su configuración.

El pura raza español no fue con los conquistadores sino que lo hizo posteriormente puesto que en principio fueron las hacas y los caballos "comunes" los llevados por estos. Nuestro caballo no había nacido y tendría que pasar mucho tiempo para que lo hiciera. No debemos olvidar que nuestra raza durante más de un siglo estuvo vetada al mundo, y sólo a los reyes y a algunos nobles recomendados les era posible disponer de ellos. Asimismo, creo que si las investigaciones científicas se encaminaran por este sendero, sin duda, ayudaría a clarificar más rápidamente las dudas existentes sobre los caballos de los conquistadores.

NOTAS

1 Altamirano Macarrón, J.C. El caballo español: la evolución de su morfología. Ediciones ecuestres, 2000, p. 17. (En imprenta).
2 Creada, en 1545, por Carlos V para administrar el patrimonio regio hasta entonces muy disperso. Entre ellos se encontraba la Yeguada Real.
3 Archivo General de Simancas (Valladolid). Sección Sitios reales. Memorial de Diego López de Haro a la Junta de Obras y Bosques de 25 de abril de 1579. Leg. 1.061.
4 Puede verse este término en Altamirano, J.C. Diccionario Ecuestre Español, A.M.C. Ediciones ecuestres, 1994. El término "haca" es un apócope de "hacanea" y éste es la traducción del bretón "haquenne" -donde aparece por primera vez en 1363-, que a su vez procede del vocablo inglés "hackney", del que se conoce su presencia desde 1292.
5 Cobarrubias Orozco, Sebastián de. Tesoro de la lengua castellana o española. (1611). Ediciones Turnermex, s.a., 1984, p. 673.
6 Archivo del Palacio Real de Madrid. Sección Administrativa. Libro de Registro de caballos españoles y hacas. 1765.
7 Dice Cobarrubias que son las caballerías que traen de Inglaterra, Frisia, Polonia... La haca y la hacanea es la misma caballería pero con la salvedad de que la hacanea era más apreciada por ser la montura de las damas o de los príncipes. Podemos apreciar aunque de forma idealizada la figura de una hacanea en el cuadro de Margarita de Austria pintado por Velázquez. (Museo del Prado, Madrid).
8 Chacón, F. Tratado de la cavallería de la gineta. 1551. Edc. Facsímil: Madrid, Bibliófilos Madrileños, 1950.
9 Archivo Municipal de Jerez de la Frontera. Sección agricultura y ganadería. Orden de compra de caballos castrados para el ejercito. Legajo nº 120.
10 En la actualidad es sinónimo de caballo cruzado. Es la caballería que se utiliza para el trabajo en el campo y para la doma vaquera. Mantiene, como la haca, la costumbre de asignarle nombre femenino aunque sean machos.
11 Archivo del Palacio Real de Madrid Sección Administrativa. Carta del marqués de Flores al rey Felipe IV, de 5 de febrero de 1625. Leg. 1.061.
12 Archivo General de Simancas (Valladolid). Secretaría de Guerra. Carta de la Junta de Obras y Bosques a Felipe III de 26 de agosto de 1604. Legajo nº 244.
13 Carrillo Lasso, A. Informe La Cavalleriza de Cordova, 1625.
14 Archivo General de Simancas (Valladolid). Secretaría de Guerra. Carta firmada por Coloma dirigida al rey Felipe IV, de 6 de septiembre de 1654. Legajo nº 3.277, documento nº 72.
 

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